Lo primero que teníamos claro que formaría parte de nuestra casa es el cuadro que la abuela de mi pareja pintó cuando tenía nada menos que 80 años! Lo teníamos incluso antes de mudarnos!!.

Cada vez que íbamos a su casa (porque lo tenía colgado! y si, conseguimos que nos lo regalase!) lo mirábamos y nos transportaba a una isla ideal, feliz, sin preocupaciones, donde todo eran risas y vacaciones.

Como las paredes de toooda la casa son blancas (que conste, por decisión propia) necesitábamos elementos que aportasen colorido y “buen rollo” que restasen tradicionalidad al ambiente, por eso, cuando nos ofreció el cuadro, casi nos morimos, ERA PERFECTO! y para él, el arquitecto de la relación, diseñó un espacio muy especial: en la estantería de 3 metros que ocupa toda una pared del salón, se dejó un hueco de mayores dimensiones que el resto, para que cupiese a la perfección.

Y es este cuadro, el que sin duda representa el positivismo que queremos para nuestro hogar (aunque tiene muchos otros a los que ya les hemos echado el ojo!)

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